Hace unos días rendí honor a mi memoria con el documental de HBO sobre Magic y Bird. Corría el final de una década, la de los 70, cuyos conflictos raciales no habían sido bien cerrados en el sentimiento colectivo estadounidense. Desprestigio de la NBA, bajones contínuos de audiencias, falta de patrocinadores. Y en eso aparecen por ahí dos rivales que ya se habían visto las caras en la final de la NCAA del año anterior. Larry Bird, el blanco blanquísimo de French Lick, Indiana, un paleto de pueblo que sólo quería jugar a basket, un tipo introvertido, hijo de un exsoldado de la guerra de Corea que nunca superó el trauma bélico y se dedicó a beber hasta que le dio por suicidarse. Un chico torpón que no saltaba ni corría, un despistado blanquito en un deporte para negros. Earvin Johnson, de Lansing, Michigan, hijo de un trabajador de la General Motors, alegre, todo sonrisa, dientes blanquísimos, un rayo de sol. Ganadores e hipercompetitivos ambos. Rivales durísimos. Sus frecuentes encuentros en las finales enconaron las disputas. Los partidos alcanzaron niveles de dureza inusitados (y de ahí mi mente saltó fugazmente a los recientes Barça-Madrid). La relación era muy tirante. Y aún así o quizás por ello, se necesitaban mutuamente. Dos caras de la misma moneda. Un ying-yang que la tele, la propia liga, los anunciantes, explotaron sin rubor. Blanco contra negro. Boston contra L.A.. El showbusiness contra la America profunda. Competían en todo. En los campeonatos, pero también en los números individuales. Todo desde la frialdad aparente, una rivalidad disfrazada de indiferencia mutua que empezó a cambiar el día que ruedan un artículo para Converse en casa de Larry en French Lick. Magic come con los Bird, y conquista a la madre de Larry. Por unas horas, son Larry y Earvin, no Magic y Bird.El giro total se da el día que Magic anuncia que es portador del VIH. Algunos de sus amigos lo evitan. Se habla de su sexualidad, de que puede contagiar a los demás jugadores. Debe renunciar a seguir jugando. Y su archirrival, el enemigo africano, su meganémesis, le llama por teléfono, preocupadísimo por la noticia. En el documental, Magic llora delante de cámara recordando ese momento.
El resto es historia conocida. Magic se retiró, pero tuvo tiempo de jugar en el Dream Team de USA los JJOO de Barcelona, compartiendo vestuario con Larry.
Los ves ahora, gordos y relajados, hablando con admiración el uno del otro, recordando esos años míticos de sus y nuestras vidas , una época congelada para siempre en nuestro imaginario vital, sabedores de que son leyenda, y me pregunto cómo vivirá uno con semejante carga, cómo se escurrirá las gotas al acabar de mear, o se tirará un pedo, o se rascará la oreja uno sabiendo que es un héroe , un titán, un gigante cuyos actos le pertenecen a él tanto como a mi, o al yonki de Baltimore, o al quiosquero de Utrera. Casi dan ganas de llorar, pensando en lo sublime que puede ser el ser humano en calzones cortos y botando una pelota. Intento entender cómo podemos sentir tan próximos a seres a los que nunca vimos en persona, con quien nunca hablaremos. Qué raros somos, qué intimidad tienen enemigos acérrimos, cuan cerca están el uno del otro, cuantas cosas comparten sólo ellos y nadie más, cómo se necesitan y retroalimentan, ese instinto tan masculino, grabado a fuego en nuestros genes, esa lucha eterna entre ciervos, cuernos contra cuernos, ese matar o morir y de aquí salgo muerto pero no derrotado, ese honor antiguo que parecía unir a soldados enemigos, ese respeto a reglas no escritas que se crearon antes de que cualquiera de nosotros hubiéramos nacido, en luchas o combates extinguidos hace eras.
Cómo podemos soñar en cosas imposibles. Yo corriendo a lo largo de la pista de basket de Cabrera, punta de lanza de un contraataque, Magic lleva la bola, amarillo Lakers , se acerca a la botella, mira a James Worthy que va por la otra banda, pero el pase es para mí, ese gesto técnico genial que traspasó Laudrup al fútbol, cuello vuelto hacia la nada y mano lanzando la Spalding que de repente aparece en mis manos y acabo contra tabla impecable, eufórico, borracho de la gloria que me ha pasado un hombre Mágico.
Los ves ahora, gordos y relajados, hablando con admiración el uno del otro, recordando esos años míticos de sus y nuestras vidas , una época congelada para siempre en nuestro imaginario vital, sabedores de que son leyenda, y me pregunto cómo vivirá uno con semejante carga, cómo se escurrirá las gotas al acabar de mear, o se tirará un pedo, o se rascará la oreja uno sabiendo que es un héroe , un titán, un gigante cuyos actos le pertenecen a él tanto como a mi, o al yonki de Baltimore, o al quiosquero de Utrera. Casi dan ganas de llorar, pensando en lo sublime que puede ser el ser humano en calzones cortos y botando una pelota. Intento entender cómo podemos sentir tan próximos a seres a los que nunca vimos en persona, con quien nunca hablaremos. Qué raros somos, qué intimidad tienen enemigos acérrimos, cuan cerca están el uno del otro, cuantas cosas comparten sólo ellos y nadie más, cómo se necesitan y retroalimentan, ese instinto tan masculino, grabado a fuego en nuestros genes, esa lucha eterna entre ciervos, cuernos contra cuernos, ese matar o morir y de aquí salgo muerto pero no derrotado, ese honor antiguo que parecía unir a soldados enemigos, ese respeto a reglas no escritas que se crearon antes de que cualquiera de nosotros hubiéramos nacido, en luchas o combates extinguidos hace eras.
Cómo podemos soñar en cosas imposibles. Yo corriendo a lo largo de la pista de basket de Cabrera, punta de lanza de un contraataque, Magic lleva la bola, amarillo Lakers , se acerca a la botella, mira a James Worthy que va por la otra banda, pero el pase es para mí, ese gesto técnico genial que traspasó Laudrup al fútbol, cuello vuelto hacia la nada y mano lanzando la Spalding que de repente aparece en mis manos y acabo contra tabla impecable, eufórico, borracho de la gloria que me ha pasado un hombre Mágico.
4 comments:
Tiremos de tópicos, pero 'aquello sí era basket'...
Se pide un post del estilo pero del otro lado del charco... Oscar, Homicius, Valters, Kurtinaitis, Fernando Martín, Norris...
Al principio de este post hablaba del Barça eterno: Chicho, Nacho, Norris, Epi....lo corté pq el post se hacía larguísimo...volveremos sobre el tema.
m´ha encantat, felicitats!
Espectacular! Com deies, no parla de basket, sino de molt més...
C.
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