Mi abuelo perdió una casa de pisos jugando a las cartas. Hasta ahí lo que sé. Me lo dijo una vez mi madre de pasada, con una mezcla de desprecio y admiración por su padre el calavera. No quise preguntar más, para qué revolver historias antiguas que evidentemente todavía dolían. Pero siempre me quedó una curiosidad por los detalles exactos de la anécdota. Fue en un casino elegante en la Costa Azul, jugando al black jack, o en una timba ilegal entre hijos de papá, o entre delincuentes. Le timaron, quizás estaban todos conchabados contra él, o perdió por mala suerte, o por qué no supo parar a tiempo. Qué pensó, qué sintió cuando apreció la magnitud de su derrota. Cómo lo dijo a la familia, qué debían decirle su mujer, sus padres.Si recordó durante años esa pérdida, especialmente en su vejez, cuando ya no le sobraban los cuartos, y suerte tuvo de que su yerno –mi padre- le acogiera en casa y soportara tener al suegro facha que monopolizaba el mando a distancia de la tele. No, en esa época no teníamos tele con el mando a distancia, se levantaba con dificultad del sofá hundido y cambiaba con tanta frecuencia que al cabo de unos meses la tele se estropeó. Cómo lleva un ex playboy ser un anciano que se caga encima y necesita que le den de comer como a un niño. Recordará sus años dorados, la ruleta, las mujeres, el champán y los puros, o acaso eso es lo primero que se olvida por pura supervivencia, para que el cerebro no explote. Que se siente vistiendo rebecas que huelen a viejo, fumando Farias, cuándo se ha follado a mujeres hermosas en habitaciones de hotel con vistas a la bahía.
Nunca osé preguntárselo, claro. Pero a veces pienso que si yo hubiese pasado por eso, no hubiera podido afrontar el declive. Quizás me hubiera encerrado en una habitación de hotel, esa última noche en que el dinero se acababa, pedido una botella del mejor champán, la puta más cachonda, hubiese follado borracho hasta el amanecer, y después, con los rayos del sol naciente en la cara, hubiese saltado desde el balcón, recitando entre dientes como una oración, durante los segundos inacabables de la caída, una y otra vez “que me quiten lo bailao”.
3 comments:
ufff yeah; esta familia mola mogollón! abuelo adicto al juego, primo "zampa melocotones" llamado Gonza, una abuela tipo "bruja",...
la verdad, no sé de qué nos quejamos si somos muy normales!!
Pues la verdad que lo del abuelo no es nada. Espera a que empiece a hablar de sus hermanos...
C.
Mr. Jones (Tequila)
Mister Jones abrió la puerta,
vio a su madre recién muerta
y la sangre del chaleco se limpió.
Guardó a su madre en el ropero,
le pusó más leña al fuego
y el invierno muy crudo se avecinó.
Llamó a su esposa y le dijo:
Mamá esta muerta en el ropero;
por supuesto, si yo la asesiné.
Ella puso mal la mesa,
le hundí un hacha en la cabeza
y la sangre el tapizado me manchó.
Y Mister Jones trabajaba
y su esposa asesinaba
y los chicos correteaban por ahí.
Se comían los pajaritos,
los perros y los gatitos
y otros bichos que vagaban por ahí.
Y llegó la policía
con dos carros y un tranvía
para toda la familia encarcelar.
Yo no sé por qué el sargento
me lleva al destacamento
si somos una familia muy normal,
si somos una familia muy normal,
si somos una familia muy normal.
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