Últimamente no me saco el párrafo inicial de Rayuela de la cabeza:“Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.”
Por supuesto, está admirablemente escrito, con un estilo justo y preciso. Ligero pero con fundamento. Las imágenes no saben a refrito, esa “luz de ceniza y olivo” es fantástica.El “entrar en su delgada cintura”.
Y remata dejando ese poso trascendente con esa alusión a la casualidad y la espontaneidad.
Quisiera un día ser capaz de escribir algo así. Creo que la obra entera de un escritor se justifica sólo por un párrafo como éste. Es curioso que Rayuela, que es una obra gigantesca, laberíntica, pueda ser resumida así, en este párrafo. Aunque quizás la memoria me traiciona, hace ya muchos años que leí la novela y recuerdo pocas cosas de ella: un par de páginas que describen un concierto de jazz, despertando un interés que cristalizó quince años más tarde. También un capítulo humorístico, una anomalía en el tono general del libro. Y este párrafo, el inicial, que es un falso recuerdo. Porque no viene de cuándo leí Rayuela. Lo encontré por internet muchos años después, me fascinó y de vez en cuando lo leo.
Como véis hoy no he colgado nada mío, a veces hay que dejar paso a los grandes, hacerles el pasillo y aplaudir.
Un tiempo para hablar y otro para callar.




